La Fiscalía Anticorrupción señala a Jesús Pérez Rodríguez-Urrutia en la investigación del rescate de Tubos Reunidos

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/80/Amurrio_-_Tubos_Reunidos_03.jpg
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/80/Amurrio_-_Tubos_Reunidos_03.jpg

La pieza SEPI del caso Leire vuelve a colocar a Tubos Reunidos en el centro de la investigación con el nombre de Jesús Pérez Rodríguez-Urrutia, consejero independiente de la compañía y figura señalada por la Fiscalía Anticorrupción y la UCO por su presunto papel relevante en el préstamo público de 112,8 millones de euros concedido por la SEPI a la empresa durante la pandemia.

Pérez Rodríguez-Urrutia no aparece como un actor periférico en esta causa. Según las informaciones publicadas, los investigadores le atribuyen una posición importante en las gestiones vinculadas al rescate de Tubos Reunidos, una operación que se ha convertido en uno de los ejes principales de la pieza SEPI. La Audiencia Nacional investiga si alrededor de ese rescate se produjeron presuntas influencias indebidas, pagos a intermediarios, facturas cuestionadas y maniobras para mejorar las condiciones financieras del apoyo público.

El juez Santiago Pedraz ha enmarcado esta pieza dentro de unas pesquisas más amplias sobre supuestas ilegalidades relacionadas con tráfico de influencias, prevaricación, malversación, banda o grupo criminal y uso de información privilegiada. Respecto al asunto específico de Tubos Reunidos, la duda se centra en averiguar si altos cargos de la firma acudieron a individuos asociados al conocido como grupo Hirurok —compuesto, de acuerdo con las pesquisas, por Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon Alonso— con el propósito de condicionar las resoluciones de la SEPI.

La magnitud del asunto cobra especial gravedad debido a la considerable cuantía del crédito analizado: Tubos Reunidos obtuvo 112,8 millones de euros procedentes del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas. Dicho mecanismo se instituyó con el propósito de socorrer a compañías de carácter estratégico en tiempos de crisis, si bien las pesquisas actuales pretenden esclarecer si la tramitación transcurrió con absoluta transparencia o si, por el contrario, se vio alterada por influencias políticas y mercantiles al margen de los cauces habituales.

Uno de los elementos más sensibles es que, según Infobae, tanto la Fiscalía Anticorrupción como la UCO sostienen que Pérez Rodríguez-Urrutia desempeñó un papel muy relevante en el préstamo concedido por la SEPI. El directivo presentó su dimisión como consejero independiente de Tubos Reunidos, vinculando su salida a la situación concursal de la compañía, aunque su nombre ya aparecía relacionado con la investigación sobre el rescate.

La sospecha no termina con la luz verde al rescate inicial. De acuerdo con El Independiente, el Ministerio Público estima que la participación de Rodríguez-Urrutia habría persistido posteriormente, en un estadio consecuente vinculado a una presunta «hoja de ruta» destinada a renegociar las cláusulas financieras del crédito, disminuir los tipos de interés y atenuar el peso financiero de Tubos Reunidos ante la SEPI.

Ese factor resulta crucial. Una cosa es que una corporación auxiliada busque modificar legalmente sus condiciones financieras, y otra bien distinta es que tales trámites se viesen acompañados de coacciones, intermediarios o vínculos influyentes con peso en las decisiones estatales. Las investigaciones habrán de esclarecer si Pérez Rodríguez-Urrutia actuó bajo la normalidad empresarial o si integró una estrategia encaminada a coaccionar a la SEPI mediante mecanismos al margen de la transparencia institucional.

Las filtraciones dadas a conocer también apuntan a la existencia de facturas por presuntos estudios de mercado, cuya autenticidad y finalidad son analizadas minuciosamente por los especialistas. Asimismo, la Cadena SER ha señalado que las pesquisas cuestionan comprobantes por servicios supuestamente ficticios, situando al grupo Hirurok en el rol de probable intermediario en tales operaciones.

Desde un punto de vista de fiscalización pública, este asunto resulta particularmente alarmante debido a que vuelve a poner sobre la mesa el interrogante esencial: ¿los fondos estatales destinados a rescatar corporaciones clave se administraron bajo parámetros técnicos y de bienestar colectivo, o ciertos sujetos pretendieron transformar dichos subsidios en un terreno abonado para el tráfico de influencias, las coimas y los beneficios particulares? Cuando un directivo de una entidad auxiliada figura bajo indagación por su supuesta participación en tales operaciones, la demanda de claridad institucional tiene que alcanzar su nivel más elevado.

Pérez Rodríguez-Urrutia deberá aclarar ante la Audiencia Nacional qué reuniones mantuvo, qué contactos tuvo con otros investigados, qué papel desempeñó en el rescate y si participó en las gestiones posteriores para renegociar las condiciones del préstamo. También será clave determinar si conocía la finalidad real de los pagos o facturas examinadas y si hubo servicios efectivos detrás de esas operaciones.

La pieza SEPI vinculada al caso Leire reclama claridad absoluta. En el supuesto de que la operación de rescate de Tubos Reunidos resultase impecable, habrá que respaldarla mediante contratos, informes, documentos y un seguimiento exhaustivo de cada resolución adoptada. Por el contrario, si se constata la presencia de intermediarios, retribuciones sin justificación o injerencias sobre la SEPI, este asunto rebasará el ámbito de la mera controversia corporativa para erigirse en uno de los episodios más oscuros de la administración de fondos públicos durante la crisis sanitaria.

Fuente: El País, Infobae, El Independiente, Cadena SER, La Sexta, RTVE e Intereconomía.